Frio
La tarde era gris y me encontraba pensando en lo que la vida me deparaba; cosas como ¿Que será de mí al concluir mis estudios? Y ¿Por que no he hecho nada importante de mi vida como todos los demás?
De pronto una brisa helada se coló por mi ventana, pasó por debajo de mi cama y giró al rededor de mí provocándome escalofríos.
-Ven conmigo- susurró una voz con dulzura
Mi cuarto es pequeño, ese día estaba hecho un verdadero desorden y yo la verdad no tenia intenciones de arreglarlo, mucho menos ponerme de pie y seguir a la voz que me hablaba.
-Vamos sígueme, no te arrepentirás- insistió aquella voz
Sin embargo yo seguía con mis rollos existenciales y decidí no prestarle atención.
-Ven perezoso, te conviene, yo se que te gustara-
En ese momento mi cuarto comenzó a enfriarse hasta parecer a una cámara de refrigeración, así que decidí ponerme de pie, me dirigí a la ventana y la cerré de una vez por todas.
Fue en ese momento cuando todo se detuvo.
Pude observar a los pájaros suspendidos en el aire, el agua que salía de la manguera del vecino dejo de correr, se congelo todo a mi alrededor cual si fuese una película en pausa. Pero yo seguía en movimiento, me gire hacia el lado contrario y la vi.
-¿Qué esperas cariño? Te vas a divertir- insistió mientras se acariciaba un seno mirándome lascivamente.
-No jodas, no estoy de humor- conteste amargamente
-¡Que vengas hijo de tu puta madre!- grito con una voz tan potente que rompió los cristales de la ventana.
Quedé sorprendido al ver como miles de pedazos de cristal roto permanecían detenidos en el aire después del impacto causado por aquel grito y como todo comenzó a moverse de nuevo lentamente
Me dirigí hacia mi cama donde ella esperaba acostada.
-OK amiga tu ganas- le dije mientras desabrochaba mi pantalón
-¿Que haces travieso?- me pregunto con una perversa sonrisa
-Poniéndome mas cómodo-
-Que interesante ¿Se puede saber para que?-
-Toma mi mano-
Ella lo hizo y yo la sostuve firmemente decidido a llevarla a otro lugar.
-¿A donde me llevas?- pregunto desconcertada
La lleve al baño, la empuje hasta la regadera y abrí la llave de agua, lo cual con la temperatura del cuarto empezó a congelarse quedando ella atrapada en hielo.
Abroche mi pantalón, pues solo quería distraerla.
-¿Quien eres? ¿De donde saliste? ¿Sabes cuanto me costara la ventana que rompiste? Por cierto ¡Mi madre no es puta!- la interrogue agresivamente.
-Soy una alma atormentada por el frío que provoca no tener a donde ir- contesto con un triste tono en su voz
-¿Por eso estas tan fría?-
-Creo que si-
En ese momento el hielo que la cubría comenzó a romperse y su mirada cambio.
-¿Que haces aquí? ¿A que viniste?- pregunté
-Vine a llevarte conmigo, tu alma me pertenece-
Comenzó a levitar mientras yo observaba como las paredes se congelaban, sin embargo yo no sentía frío. Retrocedí sin titubear hasta salir del baño con la intención de regresar a mi cuarto y planear algo rápido, pero antes de llegar ella me esperaba con su amenazante mirada.
-¡Ven conmigo!- grito ahora con mas fuerza
Cerré la puerta del cuarto dejándola ahí, con la esperanza de que quedara atrapada, me dirigí corriendo a la salida que tenia mas próxima, una ventana, pero era muy tarde pues ya estaba congelada.
-No tienes escapatoria- sonaron muchas voces rodeándome
-¿Que quieren de mi? ¿Por que yo?-
De pronto todo se fue llenando de oscuridad, gire mi cabeza a la derecha y note algo irregular, mi clarinete estaba en el cuarto antes de que todo esto pasara y ahora lo tenia a tres pasos de mi.
-Esto es raro- me dije a mi mismo
Tome el clarinete y note que tenía un mensaje escrito al revés con mi propia letra.
-Un momento, yo jamás escribí esto, ¡Esto no es real!-
Con toda seguridad avance hacia mi cuarto y antes de que la oscuridad me cegara por completo abrí la puerta y entre. Ahí estaba ella de nuevo en la cama mirándome fijamente.
-¿Así que has decidido venir?-
-No existes-
-¿que has dicho?-
-¡No existes!-
Una sonrisa se dibujo en su rostro.
-Soy tan real como el clarinete que tienes en la mano-
La tome del cuello fuertemente con una mano mientras la golpeaba con mi instrumento y note que este se iba desvaneciendo, la oscuridad disminuía y las paredes se descongelaban. Ella me miro desconcertada.
-¡No existes!- grite mirándola a los ojos.
Ella desapareció...
Regrese a mi cama y encendí la televisión para ver mi concierto favorito de los Back Street Boys.
Por:Guillermo Tres Peña
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