
Capitulo VI: Corredor Infinito.
Octavio tenia muchas dudas en su mente pero un solo objetivo, vengar a su padre, no sabía cómo, pero necesitaba hacerlo para estar tranquilo, algo dentro de el se lo exigía y el estaba dispuesto a todo.
Era tarde y le quedaba poco tiempo, pues si en verdad lo buscaban como decía su amigo tenia que actuar lo antes posible. -¿Pero como?- No paraba de preguntarse.
De repente comenzó a sentirse observado, como si alguien lo vigilara. Una voz en su mente pronunciaba solo una frase repetidamente una y otra vez -Cruza la puerta, cruza la puerta, cruza la puerta-
Si dudarlo mas tomo el sobre y se dirigió a la puerta de su habitación en aquel frío hospital, no tenia nada con que escribir, así que mordió su dedo índice hasta lograr una pequeña herida en el y comenzó a dibujar el símbolo que su amigo plasmó al reverso del sobre. El no sabía que estaba haciendo pero confiaba en que eso le ayudaría.
En ese momento la habitación se sintió mas fría cada vez, Octavio giró su cabeza hacia atrás y noto una luz que provenía de debajo de la cama, ya estaban ahí, habían llegado, no le quedaba ninguna duda, no podía tratarse de su amigo pues la luz no era su estilo.
Octavio se apresuró a abrir la puerta una vez terminado el símbolo y sin mirar al frente la atravesó corriendo notando como se cerraba sola mientras aquella marca desaparecía.
-¿Dónde carájos estoy?- se preguntaba en medio de un largo corredor, en el cual se alcanzaba a ver otra puerta al final. Todo su entorno se sentía raro, un ambiente muy tenso y pesado, como si la fuerza de gravedad estuviera en su contra, le costaba respirar.
Confundido, buscando una respuesta abrió el sobre y sacó una hoja de papel en blanco, noto que misteriosamente salió del piso un pequeño hilo de humo que comenzó a subir en espiral rodeando su cuerpo hasta estrellarse a la hoja de papel para después plasmarse en el formando un pequeño escrito:
“Mi estimado Octavio: Seguramente ya haz cruzado la puerta y ahora te encuentras en el Corredor Infinito, notaras que hay un puerta justo al otro lado, pero no te confíes pues para llegar ahí necesitas mucha fuerza de voluntad, ya que a lo largo del camino te toparas con tus peores miedos y tendrás que enfrentarlos si quieres continuar con vida en el altermundo. Necesito tu ayuda, pues ambos tenemos asuntos pendientes en común, por eso es que te facilite la entrada a mi mundo. Confío en ti, yo se que puedes con esto y mas.”
Octavio guardó la carta y se dispuso a continuar.
De pronto escucho algo a su espalda, eran serpientes, muchas serpientes arrastrándose hacia el, quiso correr pero al voltear hacia delante se vio rodeado de ellas, no sabia que hacer, tenia miedo.
-Fuerza de voluntad- pensó y comenzó a caminar mientras las serpientes trepaban por sus piernas y lo mordían, Sin embargo solo pensaba en llegar al otro lado creyendo que así la pesadilla terminaría, pero por más que avanzaba la puerta se alejaba.
Una frase atravesó la mente del muchacho como una bala -Mi padre en la cárcel y la madre de mi amigo muerta-
Miró la puerta y corrió hacia ella doliéndose de las mordeduras de las serpientes, notó que se acercaba más pero no lo suficiente. Algo ocurrió, el piso se mancho de sangre, misma que salía de sus heridas. Su vista comenzó a nublarse, le tenia pavor a la sangre y mas cuando provenía de el.
Cayó al piso boca abajo, mientras la puerta se alejaba de nuevo y las serpientes seguían mordiéndolo, derramando su sangre y apretando su cuerpo causándole mucho dolor.
-Fuerza de voluntad- insistió en su mente.
Se puso en pie y corrió hasta estar a unos cuantos metros de la puerta, pero se detuvo al ver a Mauricio, su padre, siendo atacado y golpeado fuertemente por dos extraños, de pronto se vio en un lugar oscuro y mal oliente.
-¡Tu!- pronuncio su padre mientras lo miraba fijamente
-¿Padre?-
-¡Por tu culpa estoy aquí!-
Los dos tipos que golpeaban a Mauricio, lo tomaron cada uno de un brazo, sin importar que estuviera cubierto de serpientes.
-Debí matarte para que en verdad mereciera estar aquí, yo te salve la vida aquella noche y por tu culpa estoy aquí- dijo Mauricio acercándose a el
-¿Pero que dices papá? ¡Yo no tuve la culpa!- respondió Octavio llorando
-Ahora pagarás por esto- levanto la voz su padre mientras le presionaba el cuello cortando su respiración.
Octavio no podía mas, su sangre escurría por todo su cuerpo, las serpientes no paraban de morderlo y se le acababa el oxigeno, lo peor de todo no era el dolor físico si no el dolor que le hacia sentir ver a su padre en ese estado, se sintió culpable.
Su esperanza se esfumaba, se vio de nuevo en el corredor rodeado de las peores torturas que el hubiera imaginado, su padre lloraba mientras lo sujetaba del cuello, la puerta ya estaba tan lejos que no podía verla, el corredor parecía no tener fin y todo se oscureció.
-¡Fuerza de voluntad!- gritó y abrió los ojos
-¡Fuerza de voluntad!- pateo a su padre hasta verlo caer
-¡Fuerza de voluntad!- se sacudió hasta lograr zafarse de los que le sujetaban
-¡Fuerza de voluntad!- arrancó de su cuerpo todas las serpientes mientras la puerta se acercaba a el.
En un instante todo desapareció y se encontró a un paso de la puerta sin ninguna herida, se dio cuenta de que todo fue una ilusión
Octavio continuó su camino y sin temor cruzó la puerta.
Por:Guillermo Tres Peña
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